Cuando los arqueólogos entraron en 1971 en la tumba intacta del rey Muryeong de Baekje, en Gongju, hallaron adornos personales y ajuares funerarios que habían permanecido inalterados desde el año 526 d. C. Junto al féretro de madera del soberano descansaba una espada de hierro de un solo filo de una finura extraordinaria. Su empuñadura remataba en un anillo calado de bronce dorado que albergaba un dragón esculpido con escamas en relieve, mientras que el puño conservaba delicadas bandas de alambre trenzado de oro y plata. En la arqueología coreana, esta arma pertenece al grupo conocido como hwandudaedo, o grandes espadas de pomo anular. Lejos de constituir meros objetos de ostentación, estas hojas combinaban la técnica continental del hierro laminado con incrustaciones de oro y plata, marcando la cúspide de la autoridad militar y la jerarquía aristocrática en los albores de Asia oriental.

La silueta de la autoridad en los túmulos

En los túmulos del período de los Tres Reinos, las armas no se depositaban al azar. Mientras que las lanzas de hierro comunes, las puntas de proyectil y las herramientas agrícolas ocupaban el perímetro exterior de las cámaras funerarias, las espadas de un solo filo con elaborados pomos anulares se disponían junto a la caja torácica o a lo largo del muslo del soberano difunto. Esta colocación reproducía la forma en que se portaba el arma en vida: suspendida horizontalmente o con una leve inclinación diagonal desde el cinturón. La presencia de la hwandudaedo proclamaba tanto el mando militar como la legitimidad soberana, uniendo a quien la empuñaba con linajes regionales y obligaciones rituales.

La silueta de estas espadas resulta inconfundible. La hoja es recta y de un solo filo, con una disminución muy suave hacia una punta recortada o redondeada. Lo que cautiva la vista de inmediato es el pomo: un lazo abierto, circular u ovalado, que corona la empuñadura de madera. En los ejemplares más sencillos, el anillo es una prolongación continua de la espiga de hierro, forjada en redondo y soldada a la calda sobre sí misma. En las armas de la realeza, el anillo constituye una escultura independiente, fundida o cincelada en bronce dorado o plata, que encierra criaturas mitológicas en complejas torsiones dentro de su perímetro.

Estas piezas se forjaron durante una era de continuos conflictos armados entre Goguryeo al norte, Baekje al suroeste, Silla al sureste y las entidades autónomas de la confederación de Gaya en la costa meridional. Los choques bélicos exigían un suministro constante de armas fiables. Al mismo tiempo, los intercambios diplomáticos de regalos entre estas cortes peninsulares, las dinastías imperiales chinas y el Japón del período Yamato requerían obras de una destreza técnica consumada, lo que convirtió a la funcional espada de pomo anular en una auténtica divisa internacional de prestigio.

Orígenes en la frontera continental

Orígenes en la frontera continental
Ilustración del artículo · Orígenes en la frontera continental

La espada de hierro de un solo filo rematada en anillo surgió en el continente esteasiático durante la dinastía Han occidental. Aquellas primeras espadas chinas de hierro sustituyeron a la larga jian de bronce como arma secundaria principal de la caballería y la infantería, combinando un lomo grueso y resistente con un filo cortante muy agudo. En origen, el pomo anular cumplía una función mecánica concreta: impedía que la mano resbalase hacia atrás durante el tajo, equilibraba la hoja y ofrecía un punto de anclaje para una dragonera de tela sujeta a la muñeca.

A medida que se establecieron comandancias administrativas Han en el norte de la península de Corea, como Lelang, las tradiciones metalúrgicas continentales entraron en contacto con las técnicas locales del bronce y el hierro. Las élites peninsulares adoptaron los cuchillos y espadas de pomo anular de importación china como símbolos de estatus, pero muy pronto florecieron talleres autóctonos. Hacia el siglo IV d. C., los herreros locales habían adaptado el diseño, modificando sus proporciones para adecuarlas a sus propias exigencias tácticas y ceremoniales.

En manos de los artífices coreanos, el pomo anular dejó de ser un simple lazo de hierro forjado y se convirtió en un marco suntuoso para la imaginería cosmológica. Mientras que los talleres chinos de las épocas Han y Wei-Jin preferían los anillos de bronce fundido, los artesanos de los Tres Reinos recurrieron al dorado al fuego, a la incrustación de láminas de oro y al vaciado a la cera perdida para dotar al pomo de una densa carga simbólica. La hoja se alargó y se perfeccionó tanto para el combate a pie como a caballo, al tiempo que la guerra montada cobraba un papel predominante.

Reducción en horno bajo y palanquillas de acero plegado

Reducción en horno bajo y palanquillas de acero plegado
Ilustración del artículo · Reducción en horno bajo y palanquillas de acero plegado

La base metalúrgica de la hwandudaedo dependía de la producción de hierro peninsular, especialmente en las ricas cuencas minerales del valle del río Nakdong, controladas por Gaya y Silla. Las excavaciones de antiguos hornos de fundición, como los de Jinju y Gimhae, muestran estructuras de horno bajo alimentadas con arenas ferríferas y limolitas locales, avivadas con carbón vegetal de madera dura. Estos hornos producían una masa esponjosa de hierro sólido y escoria, conocida como lupa de hierro, que requería un minucioso refinado secundario.

Para transformar esta masa bruta en acero apto para espadas, los herreros peninsulares recurrían a sucesivas etapas de plegado y forjado. Este proceso fragmentaba las inclusiones de silicato, compactaba el metal poroso y homogeneizaba la distribución del carbono en toda la pieza. Al doblar una barra de hierro sobre sí misma en repetidas ocasiones —a menudo entre diez y veinte veces—, el artesano obtenía un material compuesto y estratificado, formado por cientos de láminas de grosor milimétrico.

Esta técnica de plegado, conocida en gran parte de Asia oriental continental como bailliam o hierro multirrefinado, producía un acero capaz de retener un filo agudo sin quebrarse ante impactos contundentes. Los análisis metalográficos de sección transversal realizados en hojas excavadas revelan bandas alternas muy claras de ferrita y perlita, lo que demuestra el dominio deliberado que el herrero ejercía sobre el contenido de carbono durante la soldadura por forja.

Geometría de la hoja y tratamiento térmico diferencial

Geometría de la hoja y tratamiento térmico diferencial
Ilustración del artículo · Geometría de la hoja y tratamiento térmico diferencial

A diferencia de las hojas curvadas de siglos posteriores, la hwandudaedo es resueltamente recta. Su sección transversal suele ser triangular o en forma de cuña, con un lomo plano y robusto que aportaba rigidez estructural y descendía con suavidad hacia el bisel de corte principal. Algunas hojas presentan un bisel escalonado asimétrico, donde una cara cae de forma plana mientras la otra muestra un resalte pronunciado, reforzando la solidez del filo contra las armaduras.

El grosor en el recazo, justo donde la hoja surge de la empuñadura, era considerable, alcanzando con frecuencia entre seis y ocho milímetros. La hoja apenas perdía espesor hacia la punta, conservando masa cerca del centro de percusión para asestar tajos demoledores contra cotas laminares de hierro y corazas de cuero lacado. El extremo solía terminarse con un ángulo agudo, creando una punta reforzada idónea para penetrar las junturas entre las placas defensivas.

Para endurecer el filo, los herreros empleaban un tratamiento térmico que prefiguraba el templado diferencial desarrollado más tarde en Japón. Al cubrir el lomo con arcilla refractaria o enfriar la hoja con rapidez en agua o aceite, el filo se transformaba en martensita de gran dureza, mientras que el lomo conservaba una mezcla más tenaz y amortiguadora de ferrita y perlita. Debido a la profunda corrosión acumulada tras siglos en suelos de enterramiento ácidos, esta línea de temple apenas se distingue a simple vista en los hallazgos peninsulares, aunque los análisis microscópicos confirman su presencia en piezas bien conservadas.

Forja y montaje del pomo anular

Forja y montaje del pomo anular
Ilustración del artículo · Forja y montaje del pomo anular

La unión estructural entre la espiga de la hoja y el pomo anular revela el rango tecnológico de la espada. En la categoría más sencilla, conocida como sodal-hwandu o espadas de anillo simple, el herrero estiraba la espiga de hierro, curvaba su extremo sobre el cuerno del yunque hasta formar una gota o círculo limpio y soldaba o remachaba la punta sobre la propia espiga. De este modo, la empuñadura y la hoja formaban una sola pieza continua de hierro.

En las espadas de mayor jerarquía, el pomo se fabricaba como un módulo decorativo independiente. El herrero o broncista fundía el anillo mediante el método de la cera perdida o lo tallaba a partir de un bloque macizo de aleación de cobre o hierro. La base del anillo fundido remataba en un collarín hueco o en un par de pestañas diseñadas para encajar sobre el alma de madera del puño y el saliente de la espiga de hierro.

Una vez ajustado, el anillo quedaba fijado mediante remaches transversales de cobre o hierro que atravesaban la virola, el alma de madera y la espiga metálica. En piezas reales escogidas, como las recuperadas en las tumbas de Silla en Gyeongju, la unión se reforzaba además con soldadura fuerte de plata. Esta construcción modular permitía que orfebres y espaderos trabajaran en paralelo, combinando el acero de alta calidad con metales preciosos trabajados con precisión de joyero.

La iconografía del poder: dragón, fénix y trilóbulo

La iconografía del poder: dragón, fénix y trilóbulo
Ilustración del artículo · La iconografía del poder: dragón, fénix y trilóbulo

Los arqueólogos clasifican las hwandudaedo decoradas en grupos tipológicos según el motivo representado en el interior del anillo. Estos elementos visuales servían como insignias de rango en las estrictas jerarquías aristocráticas de los reinos coreanos. Un anillo liso correspondía a la caballería común y a oficiales subalternos. A medida que se ascendía en la escala social, el hueco interior se colmaba de figuras simbólicas cada vez más complejas:

Los principales tipos decorativos documentados en los cementerios de los Tres Reinos reflejan rangos concretos y vinculaciones con la realeza:

Los motivos del dragón (ryong) y el fénix (bonghwang) encerraban un hondo simbolismo cosmológico. En la tumba real de Cheonmachong (Tumba del Caballo Celestial), en Silla, la hwandudaedo recuperada muestra dos dragones entrelazados dentro del lazo, con las fauces abiertas, sosteniendo una perla sagrada entre ambos. En las tumbas de Baekje, en particular la del rey Muryeong, se preferían los pomos de un solo dragón, cuyo cuerpo serpentino se enroscaba con fuerza para colmar el marco ovalado sin rozar el borde exterior salvo en los puntos de sujeción. Estas criaturas encarnaban la vitalidad del soberano, el mandato celeste y la protección en el más allá.

Los principales tipos decorativos documentados en los cementerios de los Tres Reinos reflejan rangos concretos y vinculaciones con la realeza:

  • Samyeop-hwandu: pomos trilobulados, cuyo interior recrea una planta estilizada de tres lóbulos o una hoja de loto, habituales entre las élites comarcales y los mandos aliados de Gaya y Baekje.
  • Duryong-hwandu: pomos de un solo dragón, que exhiben un cuerpo serpentino enroscado con escamas texturizadas, garras y fauces abiertas, propios de la alta realeza.
  • Ssangryong-hwandu: pomos de dragones emparejados, con dos bestias enfrentadas en simetría o con los cuellos entrelazados en torno a un orbe central.
  • Bonghwang-hwandu: pomos con cabeza de fénix, que muestran el perfil altivo de un ave con pico curvado, penacho de plumas y ojo expresivo, vinculados a figuras eminentes de la corte.

Incrustaciones y dorado al fuego: la técnica del ipgusa

Incrustaciones y dorado al fuego: la técnica del ipgusa
Ilustración del artículo · Incrustaciones y dorado al fuego: la técnica del ipgusa

La decoración metálica en las espadas de los Tres Reinos iba mucho más allá de la fundición simple. Los artesanos peninsulares dominaban el ipgusa, el arte de cincelar canales sobre una superficie de hierro e incrustar a golpes finos hilos o delgadas láminas de oro y plata. En la virola, la boca de la vaina y los hombros de la hoja, los herreros trazaban incisiones cruzadas sobre el hierro frío mediante cinceles de acero templado, embutiendo luego las hojas de pan de oro en las estrías para crear bandas geométricas resplandecientes que jamás se desprendían.

El dorado al fuego o al mercurio era el método predilecto para embellecer las guarniciones de bronce. Los orfebres disolvían oro puro en mercurio hirviendo hasta formar una pasta densa, la amalgama. Extendían esta mezcla sobre el pomo de bronce cincelado y luego calentaban la pieza sobre ascuas de carbón. El mercurio se evaporaba en forma de vapor tóxico, dejando una capa continua y firmemente adherida de oro puro sobre la base de bronce.

Tras enfriarse, la superficie se bruñía con un punzón de ágata o de hierro templado. El bruñido cerraba los poros microscópicos que dejaba la evaporación del mercurio, confiriendo a la pieza un brillo deslumbrante y reflectante. Este acabado dorado cumplía una función práctica junto a su valor estético: formaba una barrera contra la humedad y los ácidos del sudor, protegiendo la aleación de cobre inferior de la corrosión derivada de un uso prolongado.

Estructura del puño y revestimientos orgánicos

Estructura del puño y revestimientos orgánicos
Ilustración del artículo · Estructura del puño y revestimientos orgánicos

Bajo las brillantes guarniciones doradas y los entorchados de alambre yacía un armazón orgánico diseñado para absorber el impacto del golpe. El núcleo del puño constaba de dos mitades talladas en maderas duras y densas, como roble, peral o zelkova. Ambas piezas se vaciaban con precisión para ajustarse a la espiga plana de hierro, eliminando cualquier holgura o vibración entre la hoja de acero y la empuñadura.

Para asegurar un agarre firme en condiciones de humedad o combate sangriento, el núcleo de madera se forraba con materiales orgánicos. Las espadas de mayor rango se cubrían con frecuencia con piel de raya o de tiburón (same-hada), muy apreciada por sus nódulos calcificados en relieve que encajaban de forma natural con la palma de la mano. Sobre este revestimiento de cuero sin curtir, los artesanos trenzaban finos cordones de seda o enrollaban cordoncillos de alambre de plata y oro dispuestos en espirales alternas.

Unos pequeños collarines y virolas de bronce fundido, denominados goe-geum, remataban ambos extremos del puño. Estas piezas impedían que las mitades de madera se abrieran o astillaran cuando el arma descargaba un golpe contra un objetivo. En las espadas reales de Baekje y Silla, estas virolas aparecían cinceladas con roleos corridos, palmetas y pequeños engastes de granates o cuentas de vidrio, marcando una transición refinada entre el acero desnudo de la hoja y la calidez táctil del puño.

La vaina y la suspensión ecuestre de dos puntos

La vaina y la suspensión ecuestre de dos puntos
Ilustración del artículo · La vaina y la suspensión ecuestre de dos puntos

Una espada destinada a la caballería no podía llevarse suelta entre los pliegues de una faja: el propio trote del caballo la arrojaría al suelo. Las vainas de las hwandudaedo eran estuches de madera fabricados con gran precisión, formados por dos tablillas encoladas con cola animal de pescado, envueltas en tela de seda o cáñamo y recubiertas con múltiples capas de laca natural urushi. La laca curaba hasta formar una coraza impermeable que protegía la hoja de hierro contra la humedad ambiental.

Las vainas de alto rango contaban con dos abrazaderas de suspensión diferenciadas en uno de sus costados. Estas piezas, a menudo en forma de letra P estilizada o equipadas con anillas basculantes de bronce, recibían las correas de cuero que subían hasta el cinturón del jinete. Este sistema de suspensión de dos puntos garantizaba que la espada colgara en posición horizontal o ligeramente inclinada hacia delante, permitiendo un desenvaine fluido e inmediato con la mano derecha desde la montura.

La contera situada en el extremo inferior de la vaina, denominada malli, resguardaba la madera de posibles fracturas contra los estribos o las rocas. Forjada en chapa de hierro o fundida en bronce, reproducía los motivos decorativos del pomo mediante calados trilobulados o follaje de palmetas. En algunas vainas reales de Silla, toda la longitud del estuche de madera se forraba con láminas de oro perforadas sobre corteza lacada en rojo, convirtiendo la vaina en una deslumbrante banda áurea.

Tradiciones regionales: Gaya, Baekje, Silla y Goguryeo

Tradiciones regionales: Gaya, Baekje, Silla y Goguryeo
Ilustración del artículo · Tradiciones regionales: Gaya, Baekje, Silla y Goguryeo

Aunque los Tres Reinos compartían una base metalúrgica común, cada entidad política desarrolló rasgos estilísticos propios que permiten a los arqueólogos identificar los talleres de origen y las redes de intercambio:

Las diferencias regionales se manifestaron en la geometría del pomo, la profundidad del vaciado y las convenciones ornamentales:

Las espadas de Goguryeo, conservadas sobre todo en murales de cámaras funerarias de piedra y en fortalezas septentrionales como Ji'an, destacan por su sobriedad funcional; con frecuencia conservan pomos de hierro con dragones ataujiados en plata en lugar de pesadas piezas de fundición dorada. Las obras de Baekje, centradas en Buyeo y Gongju, sobresalen por un trazo fluido y dinámico y por su elegancia escultórica, reflejo del contacto marítimo directo con las dinastías del sur de China. Las armas de Silla procedentes de las colosales tumbas de cámara de madera de Gyeongju hacen gala de una ostentación absoluta, reconocible por sus gruesas láminas de oro puro y adornos de filigrana granulada. Las espadas de Gaya, procedentes sobre todo de los túmulos de Daegaya en Goryeong, dan testimonio de una pureza excepcional en la reducción del mineral y de una marcada preferencia por pomos trilobulados de rotundo trabajo calado.

Las diferencias regionales se manifestaron en la geometría del pomo, la profundidad del vaciado y las convenciones ornamentales:

  • Baekje: distinguida por representaciones naturalistas y refinadas del dragón, zarcillos vegetales fluidos y delicadas ataujías de hilo en las virolas del puño, como ilustran los hallazgos de la tumba del rey Muryeong.
  • Silla: célebre por su densa ornamentación superficial en oro, gruesas piezas de bronce sobredorado al fuego, motivos de parejas de dragones y vainas enteramente revestidas de chapa de oro.
  • Gaya: destacada por su claridad formal, pesados anillos trilobulados de labor calada y una pureza extraordinaria en el refinado del hierro de horno bajo procedente de las forjas del río Nakdong.
  • Goguryeo: definida por proporciones firmes y sobrias, con un uso recurrente de la ataujía de plata sobre bases oscuras de hierro forjado, concebidas para las duras campañas de la caballería fronteriza del norte.

Intercambio marítimo y redes diplomáticas de regalos

Intercambio marítimo y redes diplomáticas de regalos
Ilustración del artículo · Intercambio marítimo y redes diplomáticas de regalos

La hwandudaedo no quedó circunscrita a la península de Corea; constituyó un instrumento diplomático decisivo en las rutas comerciales del mar de Asia oriental. Durante los siglos V y VI, las cortes peninsulares enviaron selectas espadas como presentes diplomáticos a los caudillos de Yamato en el archipiélago japonés. Estas dádivas consolidaban pactos militares, ratificaban jerarquías territoriales y acompañaban la llegada de escribas, alfareros y maestros metalúrgicos.

Un testimonio señero de este intercambio diplomático es la célebre Espada de Siete Ramas (Chiljido), custodiada en el santuario de Isonokami, en Nara (Japón). Aunque formalmente singular por sus proyecciones laterales ramificadas, la inscripción incrustada en oro confirma que fue forjada en Baekje y entregada a un soberano de Yamato. Las excavaciones en los túmulos kofun japoneses —como el de Eta Funayama, en Kumamoto— sacan a la luz con frecuencia hwandudaedo con rasgos constructivos coreanos, entre ellos guarniciones con cabezas de dragón y lomos con incrustaciones de plata.

Estas hojas peninsulares importadas se conocían en Japón como kanto-tachi (tachi de pomo anular). Pasaron a formar el núcleo de mayor prestigio en las armerías primitivas de Yamato, evidenciando que el dominio del plegado del hierro, el dorado al fuego y la escultura de pomos zoomorfos se transmitió directamente desde los obradores coreanos hacia la cultura militar del Japón protohistórico.

Tafonomía y arqueología funeraria de los túmulos

Tafonomía y arqueología funeraria de los túmulos
Ilustración del artículo · Tafonomía y arqueología funeraria de los túmulos

La mayor parte de las hwandudaedo que han llegado a nuestros días deben su conservación a las pautas constructivas de las tumbas de los Tres Reinos. En Silla, las monumentales tumbas de cámara de madera cubiertas de piedras (dolmuji teokgwanmyo) generaron unas condiciones de enterramiento muy particulares. En ellas se erigía una cámara funeraria de madera, cercada por inmensas acumulaciones de cantos rodados de río y coronada finalmente por un túmulo de tierra. Cuando la techumbre de vigas cedía con el paso de los siglos, los pedruscos caían hacia el interior, aplastando los ataúdes de madera y sellando el ajuar bajo toneladas de roca.

Este derrumbe creaba un entorno sellado y prácticamente anaeróbico que ponía a salvo los metales del flujo de aguas freáticas y del oxígeno. Las hojas de hierro sobrevivieron, aunque muy mineralizadas y transformadas en frágiles costras de magnetita y goethita. Las guarniciones de bronce, plata y oro resistieron en condiciones notablemente mejores: el oro no se altera, la plata desarrolló una pátina protectora de sulfuro oscuro y el bronce dorado conservó su brillo allí donde la aleación subyacente de cobre no sufrió deterioro.

En las tumbas de cista de piedra, habituales en Baekje y Gaya, el medio tafonómico resultaba por lo general más agresivo. La infiltración continuada de aguas ácidas disolvió a menudo el hierro desprotegido, reduciendo las hojas a cáscaras huecas de orín o soldándolas por completo a conglomerados arenosos. Los restauradores deben consolidar el hierro corroído mediante resinas sintéticas antes de levantar la pieza del yacimiento, preservando así las frágiles huellas de maderas de la vaina o cordones de seda adheridos al metal oxidado.

Ciencia de la conservación y análisis metalúrgico

Ciencia de la conservación y análisis metalúrgico
Ilustración del artículo · Ciencia de la conservación y análisis metalúrgico

Los laboratorios modernos de conservación, como los del Museo Nacional de Corea, aplican técnicas avanzadas no destructivas para estudiar y estabilizar estas armas milenarias. La radiografía de rayos X de alta energía y la microtomografía computarizada (micro-CT) permiten a los restauradores escudriñar a través de las gruesas costras de corrosión férrica. Estas imágenes revelan detalles ocultos: la geometría exacta de la espiga dentro del puño de madera, la posición de los remaches internos y tenues ataujías de hilo veladas por el óxido superficial.

El análisis metalográfico, realizado sobre diminutos fragmentos procedentes de los bordes mellados de la hoja, permite reconstruir las fases del tratamiento térmico aplicadas por los antiguos forjadores. Al examinar la estructura del grano y la composición de la escoria mediante microscopía electrónica de barrido con espectroscopía de rayos X por dispersión de energía (SEM-EDS), los investigadores determinan la procedencia del mineral de hierro hacia cuencas fluviales específicas e identifican los fundentes empleados en el horno.

Los tratamientos de limpieza evitan los decapados químicos agresivos, que destruirían improntas irreemplazables de textiles y vestigios de madera conservados entre los productos de alteración. En su lugar, los especialistas emplean microchorreado abrasivo y bisturís de precisión bajo lupas binoculares, procediendo luego a la estabilización química con benzotriazol en las partes de bronce y al almacenamiento en recintos de humedad controlada para frenar tanto la corrosión activa del cobre como el exudado de cloruros en el hierro.

El abandono gradual del pomo anular

El abandono gradual del pomo anular
Ilustración del artículo · El abandono gradual del pomo anular

Hacia finales del siglo VII, el panorama geopolítico de Corea se transformó de manera irreversible. El reino de Silla, coligado con la dinastía Tang de China, unificó la península, poniendo fin a las dinastías independientes de Baekje y Goguryeo tras haber absorbido con anterioridad a Gaya. Con esta unificación sobrevino un cambio profundo en la tecnología armamentística, la indumentaria cortesana y las tipologías de espadas, impulsado por el peso continental de la cultura material Tang.

El pomo anular desapareció paulatinamente del servicio militar activo. Fue relevado por espadas con pomo cerrado, guardas cruciformes lobuladas y empuñaduras rectas inspiradas de forma directa en el dao de los Tang. Estas nuevas armas prescindieron del lazo circular abierto y adoptaron una empuñadura rematada en un casquete redondeado o ligeramente curvado que ajustaba al ras con la vaina, agilizando el combate a corta distancia y adaptándose a las necesidades de una caballería estandarizada.

Aunque la hwandudaedo dejó los campos de batalla, su influjo perduró en el universo visual de las armas coreanas. Los motivos iconográficos concebidos por los artífices de los Tres Reinos —dragones entrelazados, palmetas flameadas y sutiles incrustaciones de hilo metálico— reaparecieron en las espadas ceremoniales de las dinastías Goryeo y Joseon, como la Byeolunggeom. Las venerables espadas de pomo anular exhumadas en los túmulos continúan siendo el testimonio material supremo de una época en que la metalurgia del hierro, las creencias cosmológicas y la majestad regia se fundían en una sola arma resplandeciente.

Fuentes y lecturas recomendadas

Consulta las fuentes para estudiar el objeto y su contexto histórico.

Museo Nacional de Corea, Exposición Permanente: Prehistoria e Historia Antigua (Tres Reinos)Fuente externa · Se abre en una pestaña nueva Museo Nacional de Buyeo, Catálogo de la Colección de la Tumba del Rey MuryeongFuente externa · Se abre en una pestaña nueva Museo Nacional de Gyeongju, Túmulos de Silla y Objetos de las Coronas de OroFuente externa · Se abre en una pestaña nueva
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Armory Archive

Armas y armaduras históricas. Estudiamos materiales, artesanos y fuentes del armamento histórico.